¿Edición física o edición digital?

29.09.2021

En la última década ha habido un aumento desorbitado de la edición de libros y novelas en formato digital, hasta el punto de que este formato, de sobra conocido por lectores, escritores y editores, ha propiciado que se cuestione la supervivencia del libro físico. Tal ha sido el crecimiento del formato electrónico que, si bien hay escritores y editores que sacan libros tan solo en formato físico o incluso en ambos formatos de forma simultánea, también son muchísimos -y cada vez más- los que publican tan solo en formato físico. Aunque a nivel personal no creo que el formato digital suponga una amenaza real para el tradicional, sí es cierto que cada uno supone una serie de ventajas e inconvenientes que es importante tener muy en cuenta a la hora de publicar. ¡Vamos a verlos!

FORMATO FÍSICO. El formato tradicional cuenta con un beneficio importantísimo: el tradicionalismo. Son muchos los lectores, entre los que me incluyo, que, pese a que también leen en formato electrónico, por lo general prefieren leer la edición física, sentir el tacto y el olor de las páginas y guardar el libro en la estantería. El romanticismo inherente a esto es, a veces, suficiente para vencer la batalla contra el libro digital.
Si hablamos de ventajas y desventajas, el libro físico cuenta con algunos beneficios evidentes: da a autores y editores presencia física en tiendas y eventos, para empezar, lo que ya de por sí conlleva una serie de beneficios sociales y comerciales muy importantes para todo escritor y para todo editor. Tan solo por esto, y en mi opinión, ya merece la pena la publicación en formato físico. Una innegable desventaja del formato físico es el hecho de que precisa una inversión inicial, y que, al final, el beneficio para el autor suele rondar en torno a un lamentable 10% del precio de venta del libro. Es frecuente que la venta de un libro en formato digital suponga los mismos o incluso mayores beneficios para el autor que el de un libro en formato físico, y estoy hablando de casos en los que el primero costaría unos 3 € y el segundo no menos de 15 €. Así, claro, hay que pensárselo.
Además existe una lamentable tendencia a menospreciar toda obra que tan solo es editada en formato digital, menosprecio que, por extensión, afecta también al autor y a la editorial, y provoca la falsa realidad de que la obra es menos obra que una publicada en formato físico, y el autor es también menos autor. Esto, naturalmente, tiene una explicación, o, en este caso, un culpable: las incontables aberraciones que ven la luz en formato digital a causa de plataformas como Amazon, en las que cualquiera puede publicar lo que quiera (otra cosa es que se venda y se lea). Una infinidad de horribles novelitas mal escritas, peor editadas y llenas de faltas de ortografía han hecho que, al final, trabajar solo con formato digital implique mala reputación para el autor o editorial.  

FORMATO DIGITAL. La principal e innegable ventaja del formato digital es lo accesible que resulta y lo fácil que es publicar así, sobre todo cuando, como es mi caso, el autor puede ocuparse de realizar una buena corrección de la obra y tiene suficientes conocimientos de maquetación y de diseño de portadas como para poder realizar todo el trabajo. A esta ventaja hay que añadir un bajo precio de venta y un alto porcentaje de beneficios, lo que hace que, al final, la venta de un libro digital suponga los mismos o mayores beneficios que la de un libro físico. Además, el hecho de poder editar sin invertir dinero es también una gran ventaja.
El principal problema, tal y como hemos comentado, es la mala reputación de este formato, al que se une el no disponer de un producto físico que ofrecer en eventos y tiendas. Con todo hay dos ventajas extras que, si se sabe lo que se hace, pueden compensar esto con creces: el fácil acceso virtual al inmenso mercado de habla hispana que supone América del Sur y las enormes posibilidades del marketing digital y de la venta on-line, sobre todo a través de redes sociales.

Pese a todo, mi opinión respecto a este debate es clara: ¿Por qué elegir? ¡Cada uno de estos formatos cuentan con ventajas que anulan la mayor parte de los inconvenientes del otro! Lo mejor, por supuesto, es combinar ambos. ¿Para qué elegir, cuando puedes tenerlo todo?

JOAQUÍN SANJUÁN