Tres cosas imprescindibles para todo escritor

03.06.2021

 Escribir no es fácil. Eso lo sabe cualquiera que alguna vez haya intentado sentarse delante de un ordenador, o delante de un cuaderno o de una simple hoja de papel. Aunque quizás sería más correcto decir que escribir es fácil, pero obtener un resultado aceptable, amigos, ya no lo es tanto.

En cualquier caso no estamos hoy aquí para entrar en valoraciones semejantes; eso lo dejaremos para un día tormentoso y de ánimo gris; tanto en el cielo como en nuestro ánimo. Abundan entre los escritores, ¿sabéis? Hoy, decía, mi intención es ofrecer un somero repaso a algunos elementos fundamentales que necesita todo escritor que merezca ser llamado así. No, no voy a hablaros de que necesita cuadernos y papel, y equipo informático básico, y libros que poder consultar. Si de verdad necesitáis que os diga que un escritor necesita todo eso, a lo mejor deberíais pensaros dos veces si esa es la trayectoria que queréis seguir. No, aquí hablaremos de cosas importantes; de cosas que DE VERDAD necesita un escritor. ¡Seguid leyendo!

Café. Seamos serios: un escritor no es un escritor sin una taza de café o, en su defecto, de té. Una buena taza humeante a la que poder agarrarse mientras dejamos la mirada perdida en el estimulante brebaje, pose de escritor interesante donde las haya. Probablemente si alguien nos viese en dicha situación se preguntaría qué maravillas galopan por la siempre activa mente del escritor, y se mostrarían temerosos de interrumpir tan importante momento de introspección y reflexión. Nada más lejos de la realidad, por supuesto. Seguramente lo más profundo que estemos pensando en ese momento es de dónde ha salido el bicho que flota patéticamente en nuestro café. Pero la pose lo es todo.

Café y gato, dos de las cosas fundamentales para todo escritor.
Café y gato, dos de las cosas fundamentales para todo escritor.

Un gato. No puedes ser un escritor competente si no tienes un gato; eso es una realidad indiscutible. Grandes figuras de la literatura universal, tales como Borges, Cortázar, Philip K. Dick, Hemingway o Neil Gaiman, han sido o son escritores con gato. Mucho se habla de que se debe a que la compleja alma del escritor establece un vínculo con el felino, criatura extraordinaria y con fuertes relaciones con lo sobrenatural que se siente atraída por alguien a quien considera afín.

Todo eso solo son un puñado de sandeces; la realidad es mucho más sencilla.

Hay dos buenos motivos por los que un escritor prefiere un gato. El primero es que resulta muy complicado escribir mientras un perro corre, ladra, te trae la pelota, se persigue el rabo, se rasca como si pretendiese arrancarse la piel o se lame el culo de forma bastante sonora y, eh... húmeda. La segunda es que al gato no hay que sacarlo a pasear; ya se sabe que los escritores son criaturas que, como los vampiros, se funden cuando reciben la luz del sol de forma directa.

Un sillón de lectura. Cuando un escritor no está trabajando deberás buscarlo en su sillón de lectura, normalmente oculto en la habitación más oscura de la casa, habitación que, además, estará llena de libros llenos de polvo a los que bajo ningún concepto hay que pasarles el plumero. Lo idóneo es que se trate de un sillón de orejas antiguo, grande y desgastado, pero puede servir cualquier sillón. Si además tenemos la suerte de contar con una chimenea de leña, una bata y una copa con coñac, rozaremos la perfección.

Otro día hablaremos sobre qué cosas NO debe tener un escritor bajo ningún concepto. Ahora os dejo, que mi gato acaba de derramar mi café en mi sillón de lectura. Estas cosas a Gaiman no le pasan, estoy seguro.

JOAQUÍN SANJUÁN