Cultura: El poder de las palabras.

23.02.2021

Grimnir es uno de los nombres menos conocidos de Odín, dios de la mitología nórdica que sacrificó uno de sus ojos a cambio de conocimiento, bebió de los tres cuernos del hidromiel de la poesía y tenía dos cuervos, Hugin y Munin, que representaban el pensamiento y la memoria. Por todo eso y mucho más Grimnir es considerado, entre otras cosas, el dios de la sabiduría.

Ese texto es al mismo tiempo una declaración de intenciones respecto a Grimnir Ediciones y una breve pincelada sobre mitología nórdica, pincelada que vamos a ampliar en esta entrada.

Empecemos por el principio. Odín está considerado el dios de la guerra y de la muerte, pero también de la magia, de la poesía y de la sabiduría. De él se dice que todo lo sabe y que entregó parte de sus conocimientos a los seres humanos, conocimientos entre los que destacan los secretos de las runas, consideradas la fuente de todo conocimiento y poder. Pero lo más interesante no es esto, sino el hecho de que, para alcanzar tan extraordinarios conocimientos, Odín realizó grandes sacrificios: entregó un ojo para poder beber del Pozo de Mímir (fuente de sabiduría e inteligencia) y se sacrificó (atravesándose con su propia lanza y colgándose del árbol Yggdrasil) para poder dominar los secretos de las runas, por no hablar de cómo se las ingenió para beber el Hidromiel de la Poesía. Todo ello explica que sea, por encima de todo, el dios de la sabiduría; pero un dios que ha realizado grandes esfuerzos y sacrificios para adquirir unos conocimientos que lo hacen destacar por encima de cualquier otra divinidad del panteón nórdico. Hay toda una lección aquí.

Si bien es cierto que todo esto es mitología, y como tal ha de ser leído, no es menos cierto que al alfabeto rúnico que las leyendas dicen que Odín entregó al ser humano se le atribuyen incluso hoy en día ciertos poderes y usos mágicos y adivinatorios, debido a la reinterpretación que se ha realizado de ellos, una reinterpretación que los enfoca hacia un uso más bien esotérico. Teniendo en cuenta que estas runas datan de hace casi dos mil años, es toda una proeza que hayan conseguido sobrevivir hasta nuestros días. Quizá Odín no estaba tan desencaminado después de todo, y sí exista poder en las palabras. No el poder propio de un mago o hechicero, desde luego, pero poder, indudablemente. Ya lo dijo la escritora inglesa Diane Setterfield: «Hay algo acerca de las palabras. En manos expertas, manipuladas hábilmente, te hacen prisionero. Se enrollan alrededor de tus extremidades como la seda de araña, y cuando estás tan cautivado que no puedes moverte, te perforan la piel, entran en tu sangre, entumecen tus pensamientos. Dentro de ti trabajan su magia».

Es todo por hoy. Ahora, como postre, os invito a seguir ESTE ENLACE para disfrutar de un simpatiquísimo vídeo de Pascu y Rodri en el que se os cuenta la historia de Odín de forma mucho más divertida. ¡Disfrutadlo!