Escritor: Los cinco errores más comunes al escribir una novela

13.05.2021

Si bien es cierto que los escritores nunca dejan de aprender y de mejorar sus habilidades, también lo es que, en algún momento, todos somos escritores noveles que teclean historias en su ordenador con más entusiasmo que conocimiento sobre lo que se está haciendo. Es, por tanto, inevitable que las primeras obras de cualquier escritor acumulen un buen número de errores, aunque afortunadamente aquellos que perseveren podrán ver cómo con el paso de los años esos errores desaparecen por sí solos, siempre que detrás haya un esfuerzo activo por mejorar y aprender.

¿Pero cuáles son los errores más comunes? Vamos a ver cinco de los más habituales. Muchos de ellos me los encuentro cuando trabajo en la corrección de una novela, y, lamentablemente, una vez acabado el proceso de escritura suele ser tarde para remediarlos.

El argumento. Un argumento malo o poco definido es el peor de los comienzos. Por regla general a nadie va a interesar una novela que cuente nuestra vida, o que cuente una historia cuya trama cabe en la servilleta de un bar; especialmente cuando pretendemos utilizar esa misma trama, que apenas da para un relato, para escribir una novela larga. Necesitamos una buena historia, algo que contar. Escribir no consiste en llenar páginas y más páginas con palabras, sino en contar una historia.

El lenguaje. Tanto por defecto como por exceso, el tipo de lenguaje empleado resulta de gran importancia a la hora de escribir una novela. Por regla general resulta tan perjudicial para nuestra obra emplear un lenguaje excesivamente sencillo como recurrir a una prosa innecesariamente recargada y pomposa. Algunos escritores noveles creen que una redacción llena de, precisamente, palabras recargadas y pomposas es señal de una gran habilidad como escritor, cuando es justamente lo contrario: artificio barato.  

Las descripciones. Todos hemos tropezado en esta piedra alguna vez. Es recomendable evitar esas descripciones largas y farragosas que a veces llenan un largo párrafo o incluso una o varias páginas. Una descripción sosegada e integrada en la narración, que nos aporte información sobre los personajes y la escena sin necesidad de parar la historia para dedicar dos páginas a describir hasta el color de los calcetines del protagonista, será muy beneficiosa para la historia.

Esto no quita que en determinadas ocasiones sea apropiado insertar una descripción de forma más clara y directa, justo como unas líneas arriba decíamos que no se debe hacer. La clave es aprender a discernir cuándo es el momento de una cosa y cuándo de la otra. Que no es fácil, ¿eh?

Los personajes. Me ha pasado no pocas veces que, al leer una novela, tengo la sensación de que uno o varios de los personajes tan solo son nombres con descripciones, sin nada más que los sostenga. Un personaje poco o mal definido supone un perjuicio importante para toda historia, por lo que es conveniente dedicar un poco de tiempo a decidir algunos aspectos fundamentales de la personalidad, la forma de ser, las inquietudes e incluso las manías de nuestros personajes, especialmente de los principales.

Páginas vacías. Como ya dije en los primeros párrafos, escribir no consiste en llenar más y más páginas con palabras. No es raro encontrarse con una novela en la que, a pesar de que vamos pasando páginas, tenemos la sensación de que no está sucediendo nada, o de que el autor simplemente nos cuenta cosas intrascendentes en lugar de desarrollar la historia que, en teoría, nos quiere contar. Esto es un problema, pues lo más normal es que el lector se aburra, deje la lectura y no vuelva a atreverse con una obra de ese autor.

Sea como sea, recordad lo más importante: a escribir se aprende escribiendo. ¡Esforzaos!

JOAQUÍN SANJUÁN