Los personajes de Leyendas de Lácenor - Caronte

16.09.2026

Este personaje, creado por mi buen amigo Rubén Monzó, es más que el compañero de Tórak Zádor: es su hermano, no de sangre, pero sin duda sí de acero. Al igual que sucede con el caballero, se trata de un fugitivo, pues asesinó al noble que lo obligó a luchar como gladiador en la arena, donde se convirtió en campeón. Caronte no es ningún héroe, eso es algo que queda claro desde el primer momento en El Guardián Gris. Tan solo le preocupa Sabryna, su amiga y compañera de Tórak Zádor, y no perderá el tiempo salvando a nadie más. Este personaje tiene, además, un pasado en común con Necro, a quien odia más que a nadie en el mundo y sobre quien no deja de advertir a Sabryna. Un día de estos escribiré alguna historia sobre ellos dos en la que se muestre el mutuo odio que hay entre ambos.

Caronte es ante todo un personaje pragmático y absolutamente leal. Acompañado siempre por su peligroso martillo de guerra, Puño de Namfaroth, hay pocos individuos que puedan desafiarle en combate cuerpo a cuerpo y salir airosos. Eso, unido a la amistad entre ambos y a la gran lealtad del antiguo gladiador, es lo que llevó a Tórak Zádor a ponerle al frente de los Puños de Zadora, los caballeros de élite de Zadora, feroces guerreros armados, como Caronte, con pesados martillos a dos manos. 

  • Nombre: Caronte
  • Raza: Humano
  • Edad: Desconocida
  • Ocupación: Aventurero
  • Habilidades especiales: Caronte se crió como esclavo y se convirtió en un hombre luchando en la arena como gladiador, por lo que nunca aprendió a leer y a escribir. Sin embargo, se mueve muy cómodo entre gente de clase baja, y sabe cómo manejar cualquier problema que pueda surgirle en esos ambientes. Además, es un individuo carismático y simpático, siempre y cuando no tenga un motivo para ponerse su famoso yelmo de acero con forma de cráneo. Cuando eso sucede, significa que ha llegado el momento de hacer cantar a Puño de Namfaroth.  

  • Estilo de combate: Sus años como gladiador en la arena le convirtieron en una temible máquina de matar. A diferencia de lo que sucede con los caballeros, quienes gozan de un adiestramiento marcial, el estilo de combate de Caronte es más bien brutal y práctico, así como nada considerado con el enemigo. A fin de cuentas, mientras los caballeros aprenden a combatir en duelos y entrenamientos sin peligro, él aprendió jugándose la vida en cada combate.   

  • Otras habilidades: Habituado a la vida de aventurero, es bien capaz de valerse por sí mismo incluso en territorios alejados de la civilización. De hecho, a menudo los prefiere.  

  • Armas: Porta su martillo de guerra Puño de Namfaroth, un arma a dos manos que le ha acompañado desde sus días como gladiador, y con la que ha dado muerte a incontables enemigos.
  • Aliados conocidos: Tórak Zádor, Sabryna, Zadora.
  • Enemigos conocidos: Necro.

El caballero, al sentir un fuerte dolor en el costado, se giró al instante y advirtió que le habían herido. Con un revés decapitó al hombre que le había atacado, y después detuvo el golpe de otro soldado.
¡Son demasiados, Caronte! —gritó—. ¡No podremos pasar!
¡Y un cuerno que no!

La manaza del aludido surgió de entre un cúmulo de soldados, agarró a uno de los que rodeaban al caballero y lo arrastró hacia la marea humana en la que el enorme guerrero se debatía. Pero no fue por mucho tiempo, pues, con un grito casi inhumano, Caronte se liberó de sus atacantes, que salieron despedidos en todas direcciones a causa de los golpes del poderoso martillo Puño de Namfaroth, que en esos momentos el guerrero hacía girar velozmente formando ochos.

Tórak Zádor detuvo un nuevo ataque sin perder de vista a su compañero, y se dirigió hacia él para reagruparse. Los dos amigos lograron ponerse espalda con espalda y se dispusieron a retomar la lucha; sus enemigos los rodeaban, pero parecían reacios a atacar. No era de extrañar, ya que todos ellos conocían a las dos figuras a las que se enfrentaban. Los soldados comenzaron a retroceder, pues ninguno de ellos quería enfrentarse a esos dos hombres, y la gran cantidad de muertos que yacían en el suelo junto a ellos era prueba más que suficiente de que los rumores sobre ellos no eran precisamente exagerados.

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