Naciones élficas 1: El primogénito
De entre la ingente cantidad de novelas que forman parte de la saga Dragonlance, hay dos que llaman la atención porque se apartan del sendero habitual y se centran en narrarnos algunos acontecimientos fundamentales de la Historia de la Dragonlance (de la Historia interna, se entiende). Se trata de dos trilogías, centradas cada una en una de las razas principales no solo de la Dragonlance, sino de la mayoría de sagas de fantasía: enanos y elfos. Son, además, dos de las trilogías más antiguas publicadas dentro de la saga, fechadas en principios de los noventa. En esta reseña vamos a hablar de El primogénito, la primera novela de la trilogía Naciones Élficas, publicada en 1991. Dos años más tarde, en 1993, llegó la otra serie de la que os hablaba: Naciones Enanas.

Naciones Élficas fue publicada en una época en la que la mayor parte de los libros que formaban la saga Dragonlance orbitaban alrededor de las Crónicas y las Leyendas, con uno o varios de los Compañeros de la Lanza como protagonistas. Hablo, por supuesto, de series como Preludios de la Dragonlance, Cuentos o Héroes, que se alejaba un poco para hablarnos de héroes más clásicos, como el famoso Huma. ¡Con El Primogénito se abrieron nuevos mundos para los lectores de la Dragonlance! Como curiosidad, Kith-Kanan, uno de los protagonistas de Naciones Élficas, no es completamente desconocido para los lectores de las Crónicas de la Dragonlance. ¿Recordáis aquel rey elfo muerto mucho tiempo atrás que, en un momento de crisis vivido por algunos de los Compañeros en su tumba, entrega a Tanis Semielfo su espada? ¡Fue el mismo Kith-Kanan! Y no es de extrañar, pues Tanis, un mestizo que reúne a su alrededor a un puñado de individuos perdidos y los lidera para salvar el mundo, es un buen reflejo de los ideales que el propio Kith-Kanan encarna. ¡Pero me estoy adelantando!
La historia comienza cuando, a causa de un desengaño amoroso, Kith-Kanan, uno de los dos hijos del Orador de las Estrellas de Silvanesti, se marcha de la ciudad élfica para vivir en el bosque. Allí no solo cambiará tanto mental como físicamente, sino que conocerá a un nuevo amor, hará amigos y establecerá un contacto amistoso con los kalanesti, los elfos salvajes de los bosques. Dato curioso: el nombre original de los kalanesti era kaganesti, pero la editorial española decidió cambiarlo levemente por motivos obvios. Volviendo a la novela, las vivencias de Kith-Kanan en el bosque crearán una diferencia, un cisma, entre Kith y su familia. Esto se recrudecerá con los acontecimientos que tienen lugar al final de la novela, y de los que no hablaré aquí. Un aviso: cuidado con la sinopsis de la edición de Timun Mas, pues os cuenta la novela entera, con altas dosis de spoilers incluidas. Debería haber un lugar especial en el Infierno para quienes escriben ese tipo de sinopsis o reseñas.
Lo cierto es que el trabajo de Paul B. Thompson y Tonya R. Carter, autores de la primera y de la tercera entrega de Naciones Élficas, hacen un excelente trabajo en esta novela. No solo nos ofrecen unos personajes muy bien trabajados y con un desarrollo sorprendente, como el propio Kith-Kanan, sino que la misma trama resulta sumamente interesante. La trilogía, además, es Historia de la Dragonlance, pues, por si alguien no lo había relacionado todavía, estamos ante la trilogía que narra cómo los elfos silvanestis se dividieron, lo que supuso el nacimiento de los qualinestis, facción élfica que posee un vínculo con la naturaleza mucho más fuerte que el de sus primos silvanestis. De los qualinestis precisamente Kith-Kanan fue el primer rey, como se muestra en las Crónicas de la Dragonlance, cuando entrega su espada a Tanis. ¿Queréis saber más de la relación del semielfo con los qualinestis? Pues bien, ¡tanto Laurana (esposa de Tanis Semielfo) como la familia de esta son qualinestis! Lo que significa, por cierto, que Tanis fue criado por qualinestis. ¡Todo queda en familia!
JOAQUÍN SANJUÁN
