Naciones élficas 3: Los qualinestis
Si algo tiene la trilogía Naciones Élficas, es que resulta irregular. En anteriores reseñas os contaba que El primogénito, la primera novela, resulta una lectura de lo más interesante, cargada de buenos personajes, de giros inesperados y de una trama que, en general, es más que disfrutable. Os conté también que Las Guerras de Kinslayer, la segunda novela, pese a que no resulta tan interesante como la anterior, ofrece un fascinante panorama sobre las mencionadas guerras, un conflicto interno entre los elfos (en el que también combatieron humanos y enanos) que se alargó durante casi medio siglo. La segunda novela de la trilogía desarrolla el enfrentamiento, así como a los personajes involucrados en él, y lo hace con un despliegue narrativo muy enfocado en lo bélico, en los movimientos de las distintas fuerzas y en sus operaciones tácticas, lo que resulta muy interesante para aquellos lectores que disfruten de grandes batallas épicas. Es entonces cuando llega la tercera y última novela, Los Qualinestis.

Lo primero que hay que mencionar de esta entrega es que está escrita por Paul B. Thompson y Tonya R. Carter, los mismos autores de El primogénito, mientras que, curiosamente, Las Guerras de Kinslayer son obra de Douglas Niles. Esto justifica el cambio de tono y de ritmo narrativo que encontramos entre las dos primeras novelas, pero hace que resulte desconcertante que la tercera sea con diferencia la peor de la trilogía. Y lo es precisamente porque carece de todas aquellas virtudes que brillaban en El primogénito. Los personajes de Los Qualinestis, empezando por el mismísimo Kith-Kanan, protagonista absoluto de la trilogía, quedan desdibujados y difusos, con excepción quizás su hija. El nuevo personaje, llamado Manos Verdes, representa el arquetipo de mesías salvador, pero lo hace de forma burda y precipitada, en un personaje plano y aburrido al que le falta mucho trabajo. Respecto a la trama, los autores nos cuentan una historia mil veces contada, y la cuentan bastante peor de lo habitual. Así pues, y en definitiva, estamos ante una novela mediocre que nos lleva a la conclusión de que Naciones Élficas va de más a menos, perdiendo calidad en cada entrega. Sin embargo, si el paso de la primera a la segunda entrega se hace manteniendo un buen nivel, el de la segunda a la tercera es una catástrofe en toda regla. Una lástima, pues se trataba de una trilogía que prometía mucho.
A favor de Los Qualinestis (título que no hace justicia a la trama, por cierto, ya que esta se centra por completo en la familia de Kith-Kanan e ignora al resto de su pueblo) podemos decir que cierra la historia del protagonista indiscutible, un Kith-Kanan ya maduro que resulta irreconocible al lector, un personaje muy alejado del joven carismático e impetuoso de la primera entrega o del estratega curtido y feroz de la segunda. No hay mucho más elogio que pueda hacer a esta novela, en la que el "enemigo" no es otro que el propio hijo del protagonista, quien se muestra desde el principio como díscolo, rebelde y problemático, según sus propias palabras porque se aburre. Una sucesión de malas decisiones por parte tanto del hijo como del padre son las que entretejen la trama de Los Qualinestis, a lo que luego hay que añadir un Deus ex Machina en toda regla, reflejado en la aparición del ya mencionado Manos Verdes, momento al que siguen más malas decisiones por parte del padre y del hijo, y un final tan brusco e inesperado como forzado e innecesario. Al final, como lector que disfrutó con las dos primeras novelas de Naciones Élficas, me quedo con la sensación de que habría preferido no leerme Los Qualinestis, para evitar que enturbiase el buen sabor que me dejaron las otras dos entregas de la trilogía.
JOAQUÍN SANJUÁN
