Naciones enanas 2: El Reino de los Thanes
La trilogía de Dan Parkinson sobre los enanos, Naciones Enanas, sigue con su segundo libro, El Reino de los Thanes. En el anterior volumen, El Pacto de la Forja, se narra la historia de cómo los diferentes clanes de enanos se unen con intención de fundar una gran nación enana, Thorbardin. Tras una serie de conflictos, el cierre de dicha novela tiene lugar precisamente cuando llegan al lugar en el que desean fundar Thorbardin, y es allí, varias décadas después, donde retomamos la historia en El Reino de los Thanes, con la ciudad de los enanos ya levantada y en funcionamiento, dirigida por un consejo de thanes, cuyos miembros representan a cada uno de los clanes que forman Thorbardin.

La reciente nación de los enanos tiene que vérselas, además de con ciertos conflictos internos, con un puñado de magos que han llegado a los alrededores de Thorbardin con intención de alzar allí una torre de hechicería. Esto. Naturalmente, no hace ninguna gracia a los enanos, para quienes hay pocas cosas que resulten tan desagradables como la magia. A partir de aquí, el choque entre magos y enanos resulta inevitable, y el conflicto escala hasta convertirse en una feroz guerra entre los hechiceros, al frente de un ejército de mercenarios, y los enanos del reino de Thorbardin. Del resultado de dicho conflicto podría depender el futuro de la nueva ciudad de los enanos...
La trama resulta sencilla, y, al igual que en El Pacto de la Forja, peca de no tener protagonistas ni antagonistas claros ni bien definidos. En el primer caso, el único gran protagonista es el pueblo de los enanos, pese a que haya algunos nombres que destaquen por encima de otros. En el segundo caso, apenas se le puede dar el mérito de antagonista a uno de los magos que dirigen al ejército enemigo, quien, si bien tiene algo más de peso que los demás, su importancia no es realmente notoria. Esta carencia de personajes relevantes, heredada del primer libro de la trilogía, es probablemente el principal problema que arrastra Naciones Enanas. Pese a que las comparaciones son odiosas, cualquiera que haya leído Naciones Élficas recuerda al magnífico Kith-Kanan, un gran personaje que cargó sobre sus hombros con el peso del protagonista en la mencionada trilogía, y sin el que la historia del cisma de los elfos no habría sido la misma.
Más allá de la trama, hay un elemento en la novela que puede resultar bastante confuso para los lectores habituales de la saga Dragonlance. Se trata del tratamiento que Dan Parkinson hace de la magia. En un intento de dar notoriedad a la conocida resistencia mágica de los enanos, el autor establece lo que podríamos llamar unas bases sobre el uso y los efectos de la magia, bases que pretenden explicar dicha resistencia mágica, pero que chocan por completo con el funcionamiento de la magia que se ha podido ver en cualquier libro correspondiente a la saga Dragonlance, incluyendo los previos a Naciones Enanas. Esto no solo resulta extraño y poco coherente, sino que el planteamiento que presenta Dan Parkinson es extraño y poco creíble, e incluso contiene un tono cómico que no acaba de encajar con lo que se pretende establecer, que no es otra cosa que la mencionada resistencia mágica de los enanos.
En términos generales, la trilogía resulta una lectura interesante, pese a que también es una lectura lenta y, en ocasiones, algo pesada. Si bien en estos libros Dan Parkinson muestra de nuevo su gran habilidad como escritor, lo cierto es que, al menos a nivel personal, me gustaron mucho más otros de sus trabajos, como Los enanos gullys o Las puertas de Thorbardin. Pese a eso, Naciones Enanas posee una serie de virtudes, entre ellas la de ofrecer a los lectores un vistazo al pasado de los enanos y al origen de Thorbardin, la gran nación enana. Solo por eso ya merece la pena leerla.
JOAQUÍN SANJUÁN
