Pánico al folio en blanco. 

12.01.2021

Por Joaquín Sanjuán.

En muchas ocasiones me he encontrado con aficionados a la escritura u otros autores noveles que comentaban las dificultades de enfrentarse al folio en blanco y la inseguridad que causa ponerse frente al ordenador (o frente al literal folio en blanco en el caso de aquellos románticos que todavía escriban a mano) y no ser capaz de juntar letras suficientes para hilar media docena de frases con un mínimo de coherencia. En este artículo voy a explicar paso a paso el proceso creativo que mejor me funciona a mí y con el que ese problema queda en buena medida neutralizado. Por supuesto todo esto es mi sistema, puede resultar útil para algunos y no serlo para otros.

Vamos a partir por un punto que considero fundamental respecto al pánico al folio en blanco: el hecho de sentarse delante del escritorio a la espera de que llegue la inspiración y de pronto surjan las palabras como un torrente desbocado. Claro, después vienen los lamentos: que si las musas me han abandonado, que si hoy no he escrito porque no tenía inspiración, etcétera. ¿Que por qué es esto un error? Porque escribir (y cuando hablo de escribir me refiero a ello como concepto literario, sea relato breve o largo, un cuento, una novela o cualquier cosa similar) requiere planificación y preparación. Sentarse delante del folio en blanco debe ser el cuarto paso, no el primero. Puede parecer de perogrullo y completamente obvio, pero no siempre (y no para todos) es así.

Paso uno: La idea. Así de sencillo. ¿Quieres escribir un relato o empezar con una novela? Bien, pues aléjate lo más posible del ordenador y de los folios y busca un cuaderno usado en el que poder garabatear. Llévalo contigo a todas partes y piensa qué es lo que te gustaría crear. Puedes pensar en la ducha, en la cola del súper, mientras mantienes una charla intrascendente o a la hora de comer, puedes pensar mientras vas por la calle o en el autobús, cuando hagas la comida o friegues los platos, mientras tiendes la ropa o limpias la casa o simplemente mientras descansas tumbado en el sofá con la mirada perdida en el techo. Cualquier momento es bueno y en cualquier momento puede llegar esa chispa que poco a poco irá cobrando fuerza hasta convertirse en una llamarada. Pero por el momento solo necesitamos la chispa. Anota todo lo que se te ocurra, dale vueltas y no pares hasta estar bien seguro de qué quieres escribir. En el momento en que seas capaz de redactar unas breves líneas a modo de sinopsis sobre tu historia o novela, habrá llegado el momento de comenzar con el siguiente paso.

Paso dos: Preparación. Dependiendo del tipo de historia que quieras contar y del género al que pertenezca, este paso será más o menos importante. Evidentemente si te has decantado por una novela histórica o de época será imprescindible que comiences a rastrear bibliotecas en busca de datos e información que puedan serte útiles para la historia, ya que es importante mantener una coherencia y sentido en lo que escribamos. Por otro lado si tratamos con una historia de fantasía o ciencia ficción precisaremos muchos menos datos, ya que es de nuestra imaginación de donde deberemos extraer todo lo que necesitemos. Resulta aconsejable apuntar todo esto en el mismo cuaderno en el que previamente habremos garabateado sobre nuestra idea, ya que así tendremos todo el material reunido resultará más sencillo consultarlo a la hora de trabajar en él.

Paso tres: Planificación. Ya hemos decidido qué tipo de historia queremos y tenemos una sinopsis de la trama, además disponemos de toda la información necesaria para la misma. Ha llegado el momento de sentarse con nuestro cuaderno y dar forma al esqueleto de nuestro relato o novela. En este paso deberemos crear a los personajes, los lugares por los que se moverán estos, desarrollaremos más la trama y definiremos las subtramas. Lo más adecuado sería realizar breves resúmenes primero por bloques y después por capítulos (en el supuesto caso de que hablemos de una novela, si se trata de un relato este paso será mucho más rápido) para tener bien claro qué es lo que queremos que vaya pasando a cada momento. El nivel de detalle que planifiquemos ya depende de cada autor: a algunos les gusta hilarlo todo muy fino mientras que otros prefieren dejar cierto margen a la improvisación en lugar de tenerlo todo perfectamente planificado. Ningún sistema es más correcto que otro, lo importante es encontrar en que se ajusta mejor a cada uno.

Cuando terminemos este paso tendremos ya una idea muy definida de lo que queremos escribir, es cuando podremos pasar al injustamente temido folio en blanco.

Paso cuatro: Escribe. ¿Quién dijo miedo? La inspiración y las musas hicieron su trabajo en los dos pasos anteriores, ahora tan solo hay que convertir en palabras esa historia que ya tenemos definida y así comenzar a darle forma. En este punto en concreto conviene olvidarse de todo eso de "es que no estoy inspirado" y meterse bien en la cabeza que el proceso de escritura lo único que requiere (si hemos hecho bien los pasos anteriores) es TRABAJO y DISCIPLINA. Nada más.

Lo cierto es que no termina aquí el proceso creativo, todavía quedan varios pasos importantes (como el de repasar todas las veces que sea necesario e incluso algunas más, pues siempre, SIEMPRE, se os van a escapar errores (sean de trama u ortográficos), no importa las veces que repaséis los textos). Para paliar este problema es importante contar con un corrector y un grupo de lectores que testeen el material, ellos verán cosas que el autor no ha podido ver y le darán así la ocasión de remediarlo a tiempo.

Pero no nos salgamos del tema, si acaso ya hablaremos de todo eso en otro artículo. O tal vez no, yo qué sé. Lo importante es ver comprobar que, si hemos seguido estos pasos uno a uno, ya no tendremos que preocuparnos del gran miedo que supone para todo escritor sentarse ante la hoja en blanco y no saber por dónde comenzar. Con este sistema os garantizo que, llegado el paso cuatro, ¡las palabras fluirán solas!

Paso tres: Planificación. Ya hemos decidido qué tipo de historia queremos y tenemos una sinopsis de la trama, además disponemos de toda la información necesaria para la misma. Ha llegado el momento de sentarse con nuestro cuaderno y dar forma al esqueleto de nuestro relato o novela. En este paso deberemos crear a los personajes, los lugares por los que se moverán estos, desarrollaremos más la trama y definiremos las subtramas. Lo más adecuado sería realizar breves resúmenes primero por bloques y después por capítulos (en el supuesto caso de que hablemos de una novela, si se trata de un relato este paso será mucho más rápido) para tener bien claro qué es lo que queremos que vaya pasando a cada momento. El nivel de detalle que planifiquemos ya depende de cada autor: a algunos les gusta hilarlo todo muy fino mientras que otros prefieren dejar cierto margen a la improvisación en lugar de tenerlo todo perfectamente planificado. Ningún sistema es más correcto que otro, lo importante es encontrar en que se ajusta mejor a cada uno.

Cuando terminemos este paso tendremos ya una idea muy definida de lo que queremos escribir, es cuando podremos pasar al injustamente temido folio en blanco.

Paso cuatro: Escribe. ¿Quién dijo miedo? La inspiración y las musas hicieron su trabajo en los dos pasos anteriores, ahora tan solo hay que convertir en palabras esa historia que ya tenemos definida y así comenzar a darle forma. En este punto en concreto conviene olvidarse de todo eso de "es que no estoy inspirado" y meterse bien en la cabeza que el proceso de escritura lo único que requiere (si hemos hecho bien los pasos anteriores) es TRABAJO y DISCIPLINA. Nada más.

Lo cierto es que no termina aquí el proceso creativo, todavía quedan varios pasos importantes (como el de repasar todas las veces que sea necesario e incluso algunas más, pues siempre, SIEMPRE, se os van a escapar errores (sean de trama u ortográficos), no importa las veces que repaséis los textos). Para paliar este problema es importante contar con un corrector y un grupo de lectores que testeen el material, ellos verán cosas que el autor no ha podido ver y le darán así la ocasión de remediarlo a tiempo.

Pero no nos salgamos del tema, si acaso ya hablaremos de todo eso en otro artículo. O tal vez no, yo qué sé. Lo importante es ver comprobar que, si hemos seguido estos pasos uno a uno, ya no tendremos que preocuparnos del gran miedo que supone para todo escritor sentarse ante la hoja en blanco y no saber por dónde comenzar. Con este sistema os garantizo que, llegado el paso cuatro, ¡las palabras fluirán solas!