Sociedad: El auge de la lectura durante el confinamiento.

Según diferentes estudios que podréis encontrar con una sencilla búsqueda en Internet, una de las consecuencias indirectas de la pandemia mundial y del consecuente confinamiento ha sido un aumento de los hábitos de lectura. Un artículo de la Universitat de València que podéis encontrar aquí habla de una investigación de la Estructura de Investigación Interdisciplinar de Lectura que aporta datos tan curiosos como que el tiempo medio de lectura diario, algo menos de una hora por persona, se ha incrementado en casi un 50% hasta rozar la hora y media. Pero eso no es todo, pues se indica además que ese incremento se ha dado especialmente en el formato novela (lectura de ocio) y que ha habido un significativo aumento en el consumo del libro digital.

«¿Y qué quieres decirnos con todo esto, Joaquín?», diréis. Estoy llegando, estoy llegando. Pero vamos por partes. A finales de marzo del 2020 se realizó en España un barómetro sobre hábitos durante el confinamiento, y la sorpresa fue mayúscula al descubrir que casi la mitad de los españoles habían aumentado el tiempo que dedican a la lectura, hasta el punto de que esta se ha convertido desde el inicio de la pandemia en la principal actividad de ocio de un buen porcentaje de ciudadanos (entre los que me incluyo). El auge del libro digital, corroborado por plataformas como Amazon o La Casa del Libro, no es más que la consecuencia lógica, especialmente si tenemos en cuenta las restricciones de movilidad.

Todo esto viene a que hay dos pensamientos que quería compartir con vosotros. El primero es sobre esos hábitos de lectura, especialmente en un país como España, donde, según las estadísticas, existe poco hábito de leer libros. Parece evidente la relación directa entre el incremento del consumo de material de lectura y el aumento del tiempo libre, lo que nos lleva a plantearnos si la tendencia a leer poco o nada que tiene un buen porcentaje de españoles se debe a una cuestión de inercia o de falta de interés. No me malinterpretéis, es cierto que hay mucha gente que no tiene interés alguno en la lectura, pero también podemos suponer que hay otro porcentaje que no lee por falta de tiempo, si bien esa falta de tiempo es, a veces, más psicológica que real. El caso, sea como sea, es que el confinamiento ha servido para que muchas personas se reencuentren con la lectura. Quizá lo único que hacía falta era dejar de correr un momento, tomar aire y empezar a caminar, algo difícil cuando uno se ve inmerso en la implacable rutina diaria.

El segundo pensamiento que quería compartir es sobre el incremento que se ha producido en el consumo de libros digitales. A nivel personal estoy convencido de que este formato tendrá un auge explosivo en un futuro no muy lejano, si bien es un tema para otra entrada, aunque no quería dejar pasar la ocasión de exponer una conclusión personal sobre lo que dicen los números: dado el incremento de lectura digital durante el confinamiento, no es descabellado suponer que existen menos reparos hacia este formato de lo que a priori pudiera parecer, si bien también parece claro que, si han superado a los libros en papel, es solo porque existe una mayor dificultad a la hora de acceder a estos durante el confinamiento. La mayor parte de los lectores, según parecen reflejar los datos, todavía prefieren el papel, y tan solo recurren al formato digital por causas de fuerza mayor. Las generaciones más jóvenes, sin embargo, no parecen tener tantos reparos, lo que refuerza mi convencimiento de que, antes o después, el libro digital se normalizará y reemplazará al libro físico como formato más consumido.

Pero, hasta entonces, la pandemia sigue. Así que ya sabéis: si todavía no lo habéis hecho, buscad ese libro que siempre habéis querido leer y aprovechad la ocasión. Es tiempo de lectura.