
Favila, de Graham Dunstan Martin
Graham Dunstan Martin (1932-2021) fue un autor británico que trabajó también como filólogo y profesor universitario en Inglaterra, donde impartió durante cerca de cuarenta años clases de francés, actividad que alternó con la escritura, tanto de ficción como de ensayos. Sus obras más famosas son Doneval (cuya reseña puedes leer AQUÍ) y su secuela, Favila, que es la obra de la que os hablaré hoy. Hay que decir que Graham Dunstan Martin muestra en estas dos novelas una clara influencia tanto de J. R. R. Tolkien como de C. S. Lewis, de quienes fue contemporáneo. Su obra llegó a España gracias a la colección Austral Juvenil, que publicó tanto Doneval como Favila, una edición muy conocida por los grandes apasionados de la fantasía, quienes consideran estos libros como dos pequeñas joyas de la literatura fantástica juvenil en español. Afortunadamente, no resulta difícil encontrarlas en librerías de segunda mano o a través de aplicaciones para la compra-venta de cosas de segunda mano.

Favila fue publicada en el año 1981, tres años más tarde que Doneval (1978), y ambas llegaron al público español durante la década de los ochenta a través de Austral Juvenil. Tristemente, la edición de las novelas (y de la colección en sí) dejó mucho que desear, hasta el punto de que podemos describirla como una edición pobre e incluso cutre. Algo parecido sucede con las ilustraciones interiores que hizo Juan Carlos Eguillor, ya que, por cada ilustración bonita que aparece en los libros (que las hay), tenemos un puñado de ilustraciones que muestran una pared, un cielo estrellado, una mesa vacía y cosas así, tan absurdas como vacías de contenido y de interés.
En lo que respecta a la novela en sí, lo cierto es que Favila ofrece cierta madurez y evolución respecto a Doneval, pero al mismo tiempo el autor logra mantener el tono y la narrativa que utilizó con la primera novela. Además, Graham Dunstan Martin consigue expandir el mundo que creó para Doneval, para lo que profundiza en dicho mundo, así como en sus matices y en los elementos que le dan forma, todo ello sin olvidarse de que está escribiendo para un público juvenil. La trama parte más o menos de los mismos elementos: magia poderosa, una catástrofe y un héroe destinado a salvar el reino. Sin embargo, y contrariamente a lo que sucede con Doneval, en Favila encontramos una atmósfera mucho más seria y madura, más sombría y peligrosa incluso. Graham Dunstan Martin impregna ambas novelas, pero especialmente Favila, de un profundo misticismo celta. El reino de Ruino recrea los paisajes brumosos y las leyendas del noroeste escocés, mientras que sus elementos centrales, como los bosques vivientes, las profecías ligadas a la naturaleza y las espadas mágicas, reflejan la veneración celta por las fuerzas orgánicas del mundo.
Favila resulta además menos lineal y sencilla que Doneval, y nos lleva por una ruta accidentada y repleta de giros sorprendentes en forma de intrigas, traiciones e inesperadas revelaciones, todo ello para mostrar al fascinado lector cierta fábula moral (y moralizante) sobre la eterna dualidad entre el bien y el mal; sobre el eterno conflicto entre luz y oscuridad.
Si bien es cierto que tanto Doneval como Favila son novelas antiguas (cuentan con casi cincuenta años), y que la edición en español deja bastante que desear, son dos novelas muy recomendadas para todos aquellos amantes de la buena fantasía, en especial para aquellos con debilidad por la fantasía clásica anglosajona. En estas novelas encontrará historias inteligentes y cargadas de misterio y de poesía, que albergan además una importante carga filosófica sobre el destino y sobre el poder.



