
La Guerra de Caos, libro 2 - Las lágrimas de Paladine
El segundo libro de la serie La Guerra de Caos es Las lágrimas de Paladine, escrito a cuatro manos por Linda P. Baker y Nancy Varian Berberick, dos viejas conocidas para los lectores de la Dragonlance. A la segunda debemos títulos de la saga como Espada de Reyes o Dalamar el Oscuro (personaje que, curiosamente, tiene un destacado papel en la novela que nos ocupa); a la primera debemos The irda, novela de la Dragonlance inédita en español. Además, ambas han participado en algunas de las antologías de relatos que forman parte de la misma serie.

El contexto en el que se desarrolla Las lágrimas de Paladine es el mismo que para el resto de novelas que forman parte de La Guerra de Caos: actúan como complemento de la historia principal, narrada en El ocaso de los dragones. En particular, la presente novela contiene incluso algún que otro cruce con la historia principal, lo que supone un breve cameo de Palin Majere y de Steel Brightblade, dos de los personajes principales de El ocaso de los dragones. Aparece también, tal y como dije anteriormente, el elfo oscuro Dalamar, quien tiene bastante relevancia en la historia que narra Las lágrimas de Paladine, pese a que sus apariciones son más bien breves.
La trama resulta interesante, y profundiza en una cuestión de gran relevancia ante los sucesos que tienen lugar en El ocaso de los dragones: ¿realmente los dioses se han marchado? Es nada menos que a Crysania, gran sacerdotisa del Templo de Paladine, a quien corresponde descubrir lo sucedido, para lo que, acompañada por un pequeño y muy peculiar grupo de compañeros, parte en un viaje con el que pretende descubrir cuál ha sido el destino de los dioses tras el enfrentamiento de estos contra Caos. Para ello tendrá que recorrer un camino plagado de peligros y de enemigos, en cuyo final le aguarda una respuesta que puede no ser lo que ella desea...
Las lágrimas de Paladine arrastran el mismo problema que las demás novelas de La Guerra de Caos: se trata de novelas secundarias y complementarias que no funcionan sin la historia original, que no es otra que El ocaso de los dragones. La trama de Las lágrimas de Paladine, como sucede con las otras cuatro de la serie La Guerra de Caos, establece en dicho conflicto el epicentro de su historia, que inevitablemente termina girando alrededor de acontecimientos que han tenido lugar en otras novelas (en El ocaso de los dragones). En el caso particular de Las lágrimas de Paladine, también encontramos un problema añadido: el viaje de Crysania en busca de los dioses, un viaje que tiene como objetivo descubrir qué ha sido de estos tras su enfrentamiento contra Caos, no se entiende sin leer antes El ocaso de los dragones, pero es que, en caso de haberse leído dicha novela, no existe tensión ninguna durante Las lágrimas de Paladine, ya que el lector conoce de antemano qué va a encontrarse Crysania al final de su viaje, lo que hace que la lectura resulte irrelevante y poco atractiva.
Es una lástima, pues lo cierto es que estamos ante una buena novela en sí misma, de la que podemos destacar el excelente trabajo que hacen las autoras con la protagonista, Crysania, quien adquiere en Las lágrimas de Paladine un relieve y una serie de matices que superan con mucho a los que pudo tener durante las Leyendas de la Dragonlance, trilogía en la que el personaje resultaba más plano y menos interesante.
Sea como sea, Las lágrimas de Paladine es una novela que merece la pena leer, aunque solo sea por ver el desarrollo de Crysania y por la interesante historia que envuelve a su compañero Tandar, el tigre blanco que la acompaña.
JOAQUÍN SANJUÁN



