
Dragonlance: El ocaso de los dragones, libro 2. La Guerra de los Dioses
La Guerra de los Dioses, el segundo libro de El Ocaso de los Dragones, es un libro de suma importancia dentro de la saga de la Dragonlance. Para empezar, en él Margaret Weis y Tracy Hickman ponen punto y final a la etapa de los Héroes de la Lanza, la principal y más amplia de las que forman este mundo, así como la que otorgó a dicha saga la enorme fama que cosechó durante los años ochenta y noventa. Este cierre (y ojo, que vienen spoilers) lo hace no solamente en lo referente a trama, sino también en lo referente a personajes. Ya pudimos asistir en la novela anterior a la muerte de Tanis, y en esta ocasión es el mismísimo Tas quien pone fin a su historia (más o menos).

Además, Raistlin, personaje que había trascendido la muerte y que aparece en estos libros sin estar muerto ni realmente vivo, deja atrás el mundo de forma definitiva. Todo esto deja a Caramon Majere como el último de los Héroes de la Lanza, pero es un Caramon muy diferente del que fue entonces: un hombre retirado, padre de familia y que se dedica a llevar la posada El Último Hogar junto a su esposa Tika. Esto sucede en un par de libros, El Ocaso de los Dragones, en los que aparecen de una u otra forma todos los Héroes de la Lanza, incluso los que fallecieron hace tiempo. Además, en este libro no nos despedimos solamente de ellos, sino también de los dioses, quienes se marchan a otros mundos.
Es un libro de finales, pero también de principios. En esta ocasión son unos nuevos héroes quienes se enfrentan al terrible enemigo que amenaza todo Krynn, el propio Caos. Ya hablé de ellos en la reseña del libro anterior, pero haré un repaso rápido: Steel Brightblade, hijo de Sturm Brightblade y de Kitiara Uth Matar; Palin Majere, hijo de Caramon y Tika y protegido de Raistlin; Usha Majere, de quien se dice que es la hija del propio Raistlin. Ellos, con algo de ayuda de Tas, son quienes toman el relevo de los Héroes de la Lanza, pero a cambio tendrán que pagar un precio muy alto...
Lo
menos interesante de El
Ocaso de los Dragones en
general, y de La
Guerra de los Dioses en
particular, es precisamente el temido Caos,
un dios que se mueve por las mismas motivaciones que un niño rabioso
con una pataleta, y que carece de todo interés o atractivo como
antagonista. ¡Casi parece que contenga todos los clichés sobre cómo
NO debe ser un buen villano! Mucho más interesante, en cambio,
resultan las historias que giran alrededor de los nuevos personajes,
en lo que incluyo a Gilthas,
hijo de Tanis y
Laurana,
quien no llega a tener un papel en estos dos libros, pero cuya
interesante historia sí que aparece de forma tangencial. Respecto a
los personajes principales, no creo que nadie vaya a discutirme que
destaca muy por encima toda la trama relacionada con Steel,
un personaje que nace atrapado entre Luz y Oscuridad (representadas
respectivamente por su padre y por su madre) y que durante toda su
vida mantiene una dura lucha interior entre ambas fuerzas. Su
carisma, su honor, su fuerza y valor, sus ideales, su lealtad... En
él tenemos un personaje potente, bien desarrollado, atormentado y
perdido, pero decidido a hacer siempre lo correcto. A mi parecer,
estamos ante uno de los personajes más interesantes que nos ha dado
la Dragonlance,
y que él sea el epicentro de El
Ocaso de los Dragones es
todo un acierto, y el principal motivo por el que merece la pena leer
estos dos libros.
JOAQUÍN SANJUÁN



