Nagash el hechicero

27.07.2026


Probablemente, Nagash sea uno de los personajes más representativos y conocidos de Warhammer Fantasy. Tanto es así que incluso Age of Sigmar, el universo que reemplazó al mundo de Warhammer Fantasy tras su desaparición, lo tiene como uno de sus pilares. ¡Era por tanto necesaria una novela que narrase la historia del oscuro nigromante! El ascenso de Nagash es una trilogía que llena ese hueco y nos cuenta todo lo relacionado con el popular personaje, desde sus inicios hasta su primera y en absoluto definitiva gran caída. Si bien la novela tiene que enfrentarse al hecho de que la mayor parte de lectores, por lo general aficionados a Warhammer Fantasy, conocen de antemano una gran parte de los hechos que narra la historia, Mike Lee, el autor, consigue crear una narrativa propia mediante la que desarrolla su propio mundo dentro de El Viejo Mundo. El resultado es un fascinante viaje a través del tiempo, viaje que abarca unos seiscientos años y que incluye a otros pueblos de Warhammer Fantasy.

El ómnibus El Ascenso de Nagash contiene diferentes partes: abre con una introducción de Mike Lee, sigue con las tres novelas y, tras unas páginas dedicadas muy acertadamente a aportar algunos datos extra sobre Nehekhara (tales como panteón de dioses, el calendario y una guía de los personajes que aparecen a lo largo de las tres novelas), cierra el grueso libro con un relato final, Roer los huesos, que funciona como conclusión para la trilogía. ¡Estamos hablando de un total de 1250 páginas, que se dice pronto! Pero vamos a lo que nos interesa en este momento, que es la reseña del primer libro de la trilogía.  

Nagash el hechicero es la primera de las tres novelas de El Ascenso de Nagash, y tiene la peculiaridad de que no se centra en el propio personaje que da título a los libros, sino en su Khemri natal. El autor hace un despliegue absolutamente impresionante de personajes, acontecimientos históricos, lugares, batallas y, en definitiva, todo aquello que da forma a un buen trasfondo, fruto de un arduo trabajo de documentación y de desarrollo. Si bien el profundo trabajo de creación de trasfondo necesario para esta novela ya resulta impresionante de por sí, no lo es menos el hecho de que, leyendo sobre Khemri y las relaciones entre los diferentes territorios, así como sobre los conflictos entre gobernantes y las tensas relaciones socio-políticas que se desarrollan a lo largo de la trama, uno no puede evitar sentirse transportado al antiguo Egipto, pues este no solo es tomado como referencia para Khemri, sino que Khemri parece un reflejo distorsionado y pasado por el filtro de la fantasía de un Egipto que no fue. Esto, pese a sus virtudes, implica también que la trama puede no gustar a todos, pues, como digo, se centra más en las relaciones socio-políticas y las guerras entre territorios que en el propio Nagash (quien no deja de ser un personaje secundario en este primer libro), esa pluralidad y ese sabor histórico que ofrece la novela, desarrollada además en dos tiempos diferentes de forma simultánea, crea un ambiente que, si bien no resulta en absoluto carente de interés, puede no ser lo que busquen algunos lectores de fantasía.  

Respecto al propio Nagash, en este primer libro asistimos a su, por así decirlo, nacimiento metafórico. Descubrimos cómo y por qué se inició en las artes oscuras, qué le llevó a hacer ciertas cosas y qué repercusiones tuvieron sus terribles actos en el devenir de Khemri. 

Como apertura de la saga resulta notable, pese a que en ocasiones algunos pasajes pequen de ser demasiado históricos o demasiado densos, y a que algunas veces la narrativa parezca más la de un tratado de Historia que la de una novela de fantasía. Sin embargo, para aquellos particularmente interesados en la historia de Nagash y en la de Khemri, no hay duda de que la lectura será extremadamente satisfactoria.

JOAQUÍN SANJUÁN


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